Martes, 08 Enero 2019
  • OPINIÓN - Pasión Objetiva

Siempre estarás en nuestros corazones MAESTRO

GDM


Juan Ignacio de Ibarra es una de las figuras indiscutibles del periodismo murciano. Su carisma era un volcán en constante ebullición y nunca dejó a nadie indiferente.

Tuve el enorme orgullo de trabajar para el MAESTRO Ibarra. Me llamaba ‘Jabato’. Cuando tenía 15 años me puso un micrófono, debuté en la radio gracias a él. Yo escuchaba sus programas y era muy fan de él. Me encantaba y a toda mi familia. Un día me fui a un bar del Infante donde jugaba al dominó y me atendió. Tuve que esperar a que terminara la partida. Quizá quería ver si tenía paciencia e iba en serio. Pues yo no me moví de allí hasta que finalizó de jugar y le dije que quería ser periodista. No dijo nada, simplemente me escuchaba mientras yo le argumentaba mis razones. Cuando acabé me dijo: “El lunes me pones tus cojones y te enciendo el micrófono”. Yo no me lo podía creer. Ahora pasado el tiempo… ¿cómo le iba a decir que no a un chico con tantas ganas e ilusión?

 

Y allí empecé con él en Radio Levante y fueron muchas las temporadas a su lado con José Augusto González. Luego se fueron sumando Javier Moñino, Joaquín Martínez, Paco Belmonte y Manolo Sánchez Breis, formando un equipazo en Onda 21 que fue el germen de Real Murcia Radio. Pero es que antes de eso Ibarra ya había hecho algo parecido o mejor con Luis Lorente, Ruiz Vivo, González Barnés, Sánchez Carrillo y López Franco. Yo también fui un Ibarra-Boys, de los últimos con Javier Martínez Bastida y JF Galiano.

 

Yo, que no había salido de la cocina de mi madre Maite, me encontré en restaurantes de postín en los que el Maestro me enseñaba la grandeza culinaria española. En Motril pidió un pez espada y yo no sabía ni cómo comerlo, me liaba con tanto tenedor. En el tanatario repasaba con José Augusto González (el fundador de ROM Radio) miles de anécdotas de los viajes por los campos de la Segunda B en los años noventa. Cuánto aprendimos de él todos. Y qué hinchetas a reir.

 

Antes de los programas yo bajaba a por un botellín de agua para rebajar su whiskey. Fumaba, uno detrás de otro, sus cigarros de tabaco negro (marca BN) en pleno directo. En la mesa de Ibarra siempre había una vasico, un cenicero y mínimo 5 periódicos. No toleraba que le llegaras a la redacción con un refrito, menuda mala leche tenía cuando no veía que te lo currabas, igualico que ahora. Sus broncas fueron las mejores lecciones que tuve, porque me exigía y mucho, a todos los que estaban a su lado, que no se libraba nadie “Quique me tienes que salir bien, me decía” en relación a lo bien que les fue a sus anteriores discípulos. Sus berrinches no eran agradables pero curtían.

 

Ibarra-Estadio es uno de los programas que más ha sonado en las cocinas y alcobas de miles de hogares murcianos. Era un cita ineludible para cualquier seguidor del Real Murcia. En cuanto a su Real Murcia, Ibarra llevó muy mal los años 90 hasta su muerte, no supo asimilar la nueva y triste realidad del club. Ya no era aquel Real Murcia imponente que él vivió en los 50, 60, 70 y sobre todo 80 (la época dorada). Se pillaba grandes cabreos cuando veía al Isla Cristina, Lliria o al Premiá pintarle la cara al Murcia. Quizá eso fue lo que le separó de las actuales generaciones, que se criaron llevando al Real Murcia a las alturas… pero en el PC Fútbol o el FIFA. Yo mismo tuve varios encontronazos con él por eso en la 2001/2002, incluso en directo. Por cierto, qué bien le cogió la matrícula a Samper y sus lacayos, el tiempo lo demostró.

 

Pero era tal su magnetismo que lo escuchaban con más fidelidad sus detractores que sus incondicionales. En Directo a Gol de TVM (con Juan Miguel Hernández y Vidaña) tuvo momentos gloriosos, al igual que con Eva Franco, Belmonte y Breis en Grada 6. Su carisma era volcánico. Su pluma era lúcida y su manejo del castellano exquisito. Decía con sonrojo que en una ocasión se llevó un concurso literario por encima del magistral Manuel Alcántara. En su casa tenía más de 6.000 libros que había leído y muchos más de una vez. Ibarra era un lector voraz. Un día se puso de mala uva cuando le dije si le gustaba Ernesto Sabato... él amaba leer y ver cosas alegres y vitalistas, tal y como era él, un devorador de la vida. En otra ocasión le dije que me iba de fiesta (estaba yo estudiando en la universidad), me miró sonriendo y me dijo: "Quique, tú no sabes lo que es una fiesta". Cuánto te echamos de menos maestro.


Autor: Quique Baeza - @QBaeza
Fotografia: GDM - @GoldelMurcia

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