El Real Murcia despide a una de las personas que mejor representan la historia reciente del club. Antonio Morote deja de desempeñar sus funciones como delegado del primer equipo con motivo de su jubilación (que había retrasado los últimos tres años), poniendo fin a una trayectoria de 32 años de servicio ininterrumpido a la entidad grana.
Durante más de tres décadas, Morote ha sido mucho más que un delegado. Su discreción, compromiso y dedicación le convirtieron en una pieza imprescindible en el día a día del vestuario, ganándose el respeto de entrenadores, futbolistas, empleados y directivos que han pasado por el club a lo largo de estos años.
En este largo recorrido ha sido testigo de algunas de las páginas más importantes de la historia reciente del Real Murcia. Vivió ascensos, acompañó al equipo durante su presencia en el fútbol profesional, tanto en Primera División como en Segunda División, y también permaneció al lado del club en los momentos más complicados, demostrando siempre un inquebrantable sentimiento de pertenencia. Cuando tuvo que contener comportamientos no profesionales de directivos que no tenían idea de fútbol y trataban de importunar al vestuario, los frenó con sentido común y firmeza.
Su figura ha trascendido las funciones propias del cargo de delegado. Para varias generaciones de jugadores, Antonio Morote ha sido un referente dentro del vestuario y uno de los rostros más familiares de la institución, representando con naturalidad los valores de trabajo, lealtad y compromiso que identifican al Real Murcia.
A través de un comunicado oficial, el club ha querido agradecer públicamente su labor durante estos 32 años de servicio, destacando "su incansable trabajo, su compromiso y su profesionalidad", además de reconocer que ha dedicado gran parte de su vida al servicio del escudo grana.
Con su jubilación concluye una etapa difícilmente repetible en la historia reciente del Real Murcia, llena de contrastes desde que entró al club en 1994 para ayudar al División de Honor juvenil de su buen amigo Sergio Moya, pasando por su debut con el primer equipo en la 1995/1996. Antonio Morote deja el cargo, pero también un legado construido desde la constancia, el esfuerzo diario y un profundo amor por unos colores que seguirán siendo, como recordó el propio club en su despedida, su casa para siempre. Irá todos los domingos a Nueva Condomina a apoyar al equipo mientras también disfruta del deporte (tenis y piscina) y de sus tres nietos.

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