Martes, 05 Mayo 2020
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Ochenta aniversario murcianista del primer ascenso a Primera

Pedro García


El 5 de mayo de 1940 el Real Murcia consiguió su primer ascenso a la Primera División.

AUTORÍA DEL TEXTO: JUAN ANTONIO GARRE 

 

En octubre de 1929 el Real Murcia fichó a Pepe Griera, procedente del Sabadell, un jugador natural de la localidad vallesana, que destacaba por su polivalencia, ya que podía actuar como defensa, como centrocampista de contención y en ocasiones como interior. Bajito, fuerte y con unas grandes dotes de mando, el día de su debut ya era el encargado de lanzar las faltas. Griera llegó para hacer historia con el Real Murcia. Estuvo once años ininterrumpidamente en el club, siendo además la persona que tuvo la difícil misión de recomponerlo tras el inicio de la Guerra Civil. Fueron once años que tuvieron el epílogo de la gloria. Aquel vallesano que llegó al Real Murcia casi por la puerta de atrás a finales de la década de 1920 cumplió la doble tarea de ser jugador y entrenador en el histórico partido de Cádiz, disputado el 5 de mayo de 1940 (hoy hace 80 años) en el desaparecido estadio de La Mirandilla, y que supuso el primer ascenso de los granas a Primera División. Aún varias décadas después, algunos periodistas y aficionados seguían considerando este episodio como "la hazaña más heroíca de la historia del Real Murcia".

 

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En la temporada 1939-1940 el Real Murcia tenía el complicado objetivo de recomponerse, no sólo ante el destrozo institucional y deportivo provocados por la Guerra Civil, sino también ante la adversidad de dos ascensos inexplicablemente frustrados. El primero de ellos en 1934 por una cacicada ejecutada en los despachos que hizo correr ríos de tinta en la prensa regional y nacional, y el segundo de ellos en 1936 por la indolencia y la indisciplina de una plantilla de extraordinaria calidad, compuesta por jugadores tan geniales como el mítico García de la Puerta, el que cometía "hazañas" como la de parar el balón en la línea de gol y esperar a que llegara un defensa rival a despejarlo, como medida de protesta porque el club no le había pagado un dinero adicional que había pedido. Su vida personal y deportiva está salpicada de historias surrealistas que podrían inspirar el guión de una película de éxito. 

 

El Real Murcia de la temporada 1939-1940 era un club en reconstrucción. Tal es así que en muchos partidos amistosos de pretemporada se alinearon 10 jugadores nacidos en la Región. El undécimo, por supuesto, era Pepe Griera, el murciano de Sabadell. Pero aquel panorama iba a cambiar. Una resolución de las altas esferas anuló todos los contratos futbolísticos firmados tras la finalización de la temporada 1935-1936. En consecuencia varios de los jugadores que aquella campaña militaron en el Real Murcia (y a quienes les sorprendió el inicio de la Guerra Civil cuando estaban en negociaciones con otros clubes) fueron obligados a volver. Algunos de ellos se negaron y en consecuencia tuvieron que negociar su baja con el Real Murcia para seguir jugando al fútbol. El portero Miro y el delantero Fuentes ficharon por el Barcelona y Muñoz lo hizo por el Zaragoza. En cambio otros grandes jugadores como Bravo (quien se encontraba en Zaragoza negociando su fichaje por el equipo maño cuando estalló la Guerra Civil), Huete y Oro, no tuvieron más opción que continuar en el Real Murcia. Unos años después Bravo y Huete serían internacionales con España, mientras que Oro supuso un gran refuerzo porque aportaba un plus de veteranía a la defensa que era muy necesario. Es decir, que la aplicación de esta normativa permitió que el Real Murcia retuviera a tres grandísimos jugadores, que junto con los veteranos Julio (15 años en el club), Griera y Sornichero configurarían el esqueleto de la plantilla que le daría el ascenso a Primera División. 

 

La competición oficial se iniciaba con el Campeonato Regional, que se disputó entre septiembre y noviembre de 1939, y que en realidad fue una segunda pretemporada. En el primer partido jugado en Cartagena los granas alinearon a nueve canteranos, pero semana tras semana se cerraba algún nuevo fichaje que supuestamente aumentaba la calidad de la plantilla, lo que suponía que se le cortaba el paso a jugadores de la tierra que curiosamente terminarían jugando el campeonato de liga en el Imperial, club que por primera y única vez en su historia tuvo la oportunidad de militar en Segunda División, en virtud de una reestructuración que la convirtió en una categoría de 40 clubes. Los participantes fueron divididos en cinco grupos de ocho equipos, atendiendo a criterios de proximidad geográfica. El campeón de cada grupo se clasificaría para una fase final, en la que los cinco clubes implicados se enfrentarían a doble vuelta para decidir una plaza de ascenso. El segundo clasificado promocionaría contra el antepenúltimo de Primera División. 

 

Muchos de los jugadores que llegaron a Murcia eran futbolistas desconocidos que aterrizaron en busca de una oportunidad. Hasta 36 hombres (incluyendo a Juan Rocasolano, tío abuelo de la Reina Letizia) llegó a utilizar el Real Murcia en partidos oficiales, Lógicamente predominaron los fiascos, pero también llegaron jugadores de gran calidad, como el killer Antonio Vega autor de 13 goles en los 10 primeros partidos de liga, y lo que fue más importante, autor de 7 goles en los 3 primeros partidos de la liguilla de ascenso que el Real Murcia jugó en La Condomina; el centrocampista Antonio Castro, un pulmón en la medular; el veterano guardameta Cabo con un pasado breve y lejano en el Real Madrid y en el Athletic de Madrid; o el gallego José Alonso Dopico, quien se marchó muy lejos de su tierra natal, adoptando el apodo de Galete, para huir de las represalias de la Guerra Civil. 

 

El Real Murcia quedó encuadrado en el grupo cuarto junto a Imperial, Cartagena, Elche, Alicante, Burjassot, Imperio de Madrid y Ferroviaria de Madrid. Los granas lograron la clasificación matemática en la penúltima jornada tras derrotar al Imperial por 0-1. El balance fue de once victorias y tres derrotas. 

 

Pero los rivales de la liguilla eran temibles. El Real Murcia tendría que enfrentarse a Deportivo de la Coruña, Real Sociedad, Levante y un Cádiz que contaba con la mejor plantilla de su historia. El salto de nivel era considerable y se notó en las tres primeras jornadas en las que los granas solo sumaron un punto, quedando provisionalmente como colistas de la clasificación y con pocas opciones de lograr el campeonato. No fueron mejor las cosas en lo sucesivo. En la antepenúltima jornada el Real Murcia seguía en el fondo de la clasificación con dos victorias, un empate y tres derrotas. En aquel momento las probabilidades matemáticas eran muy escasas. El equipo entrenado por Pepe Griera tenía la obligación de ganar los dos últimos partidos, y aún así, dependía del resultado de otros encuentros. 

 

En esta antepenúltima jornada al Real Murcia le correspondía descansar. Algunos directivos creyeron conveniente aprovechar este paréntesis para reforzar al equipo. Especialmente había un nombre en entredicho, el del portero Cabo, quien había encajado 11 goles en los cinco primeros partidos de la liguilla y que incluso la semana anterior había perdido la titularidad en favor del canterano Enrique, quien tampoco gozaba de gran confianza porque se le achacaba de su falta de experiencia en los partidos importantes. El club pensó en recuperar a Elzo, el portero titular en los años anteriores a la Guerra Civil y que se encontraba jugando como amateur en el Beasain. La directiva visitó al jugador, pero éste rechazó la oferta argumentando que había iniciado una nueva vida profesional al margen del fútbol. Aquel viaje a Beasain no cayó en saco roto. Severo Uría, un delantero tosco y fuerte que también había militado en el Murcia en los años anteriores al inicio de la Guerra Civil era compañero de Elzo en el equipo vasco. No era la pieza codiciada, pero también se le hizo una oferta para regresar a Murcia. En esta ocasión sí hubo acuerdo. Uría fue titular en el trascendental partido de la penúltima jornada ante el Deportivo de la Coruña...y marcó los tres tantos del Real Murcia en la victoria ante los gallegos por 3-2. 

 

Se había cumplido el primer objetivo, pero además las noticias que llegaron desde Valencia eran inmejorables. Levante y Cádiz habían empatado a uno. Es decir, que el Real Murcia no solo llegaba vivo a la última jornada de la liguilla, sino que dependía de si mismo para lograr el ascenso. 

 

La empresa no era fácil. La victoria de los granas produciría un triple empate entre Cádiz, Real Murcia y Deportivo de la Coruña que descansaba en esta última jornada, empate que resolvería por el golaverage particular entre los tres clubes implicados. Los números sentenciaban que el Real Murcia ascendía si ganaba en Cádiz por más de un gol de diferencia, ante un club que esa temporada no había perdido ningún partido en su campo. El último precedente en La Mirandilla no invitaba al optimismo ya que el Cádiz había derrotado por un contundente 5-0 a la Real Sociedad, en medio de un ambiente hostil, en el que incluso los locales fueron multados con mil pesetas porque algunos aficionados intentaron agredir a un jugador rival. Hasta el delegado de campo y el secretario del Cádiz fueron sancionados. Además los murcianos arrastrarían otro hándicap: el de un largo viaje. El jueves 2 de mayo habían disputado el encuentro ante el Deportivo de la Coruña. Al día siguiente, a las 7:00 de la mañana la expedición partió en autobús hacia Cádiz. 

 

Los números del Real Murcia no invitaban al optimismo. En todos los partidos de la liguilla de ascenso disputados fuera de casa el cuestionado guardameta Cabo había recibido al menos dos tantos. Además los murcianos contaban con la baja de su goleador Vega, lesionado en el partido ante el Deportivo y que hasta ese momento había jugado todos los minutos en todos los partidos de la primera fase y de la liguilla de ascenso. Vega sería sustituido en la alineación inicial por el alcantarillero Sornichero. No era la única ausencia. El defensa Arrieta, cedido por el Real Madrid y titular indiscutible en la defensa junto a Oro, llevaba tres semanas fuera del equipo a consecuencia de otra lesión y tuvo que ser reemplazado por el ya veterano Vilaplana. Finalmente Pepe Griera dispuso una alineación formada por Cabo; Oro, Villaplana; Griera, Castro, Huete; Sornichero, Galete, Uría, Guillermo y Bravo. 

 

El Cádiz también contaba con un importante hándicap. Su entrenador solo utilizaba habitualmente a 12 jugadores en las alineaciones. Tres jornadas antes se había lesionado Bohórquez, uno de sus puntales, quien sorprendentemente fue sustituido por Antonio Nortes, un chaval de Espinardo que se encontraba realizando el servicio militar en Cádiz y que no tenía prácticamente ningún tipo de experiencia en competiciones federadas. Era un jugador curtido en los partidos que disputaban los equipos de las pedanías de Murcia, que tuvo un breve paso por el Alcantarilla y que había llegado a la cúspide de su trayectoria el día que se alineó con el Real Murcia en un partido de liga en Granada disputado en febrero de 1936, en el que debutaron tres jóvenes del equipo amateur, debido a una plaga de bajas que había afectado a la primera plantilla. 

 

La clave para el Real Murcia fue marcar muy pronto. En concreto a los 11 minutos del primer tiempo el extremo Bravo logró el 0-1. Las distintas crónicas coinciden en que en la primera parte el control del balón fue del Cádiz, y que el Real Murcia supo defenderse correctamente. En la segunda mitad el Cádiz intensificó su dominio, pero en el minuto 30 los granas obtuvieron el segundo tanto. Fue producto de un córner lanzado por Bravo que rebotó en un defensa. Volvió a centrar Bravo y Guillermo, de cabeza batió al guardameta cadista. A falta de dos minutos el Cádiz tuvo una gran oportunidad para marcar, pero cuando el delantero solo tenía que empujar el balón a puerta vacía, apareció milagrosamente Castro para lanzarse al suelo, arrollar al balón y luego al jugador rival y evitar un tanto que se daba por seguro. A consecuencia de esta jugada el delantero local Roldán y Castro se enzarzaron en una pelea, que cortó el árbitro, el conocido Pedro Escartín, expulsando a ambos jugadores. Parece ser que cuando el árbitro señaló el final del partido no hubo excesivas muestras de alegría entre la expedición murcianista para no soliviantar el ánimo de los espectadores. Las crónicas coinciden en que el cuestionado guardameta Cabo cuajó una gran actuación. 

 

La noticia del ascenso llegó a Murcia a través del teléfono de la sede del club que estaba situada en la Trapería. Inmediatamente, y como era tradición en la época, se colocó el resultado en la pizarra que se encontraba en la pared del edificio para que los viandantes (muchos de los cuales se habían agolpado, ansiosos por conocer el desenlace) supieran que se había consumado la hazaña. Aquella noticia desató una gran explosión de júbilo en la ciudad. Aún hubo que esperar dos días para que los aficionados pudieran recibir a su equipo. Una vez que la expedición llegó a tierras de la provincia, decenas de personas salieron a saludar el paso del autobús, en Puerto Lumbreras, Lorca, Totana, Alhama, Librilla. A las 20:05 la expedición llegó a Alcantarilla. Una inmensa muchedumbre detuvo al vehículo y algunos comenzaron a trepar por la escalera exterior que comunicaba con la baca. En aquel momento más de 50 coches escoltaban a la expedición murcianista que poco después llegaba a El Rollo. Las calles estaban completamente ocupadas por los aficionados, El vehículo tardó 30 minutos en llegar desde El Rollo a la Glorieta tras pasar por la Avenida de la Estación, Paseo de Corvera, calle Princesa y cruzar el Puente Nuevo hasta llegar a la sede del Ayuntamiento. Los expedicionarios fueron recibidos por el alcalde, mientras una multitud entonaba cánticos en honor a los jugadores. Posteriormente fueron recibidos por el Gobernador Civil. No hubo peregrinación a la Redonda...aún faltaban cuatro años para que la plaza empezara a construirse sobre los restos del solar del antiguo campo de La Torre de la Marquesa.

 

Aquel histórico ascenso de, hace hoy 80 años, devolvió una sonrisa a una ciudad herida por las consecuencias de la reciente Guerra Civil. Una de las personas que tuvo más motivos para sonreír fue Pepe Griera, jugador, capitán y entrenador el día de aquel histórico ascenso. Había vivido en primera persona los ascensos frustrados de 1934 y 1936 y por fin lograba su objetivo de despedirse del club a lo grande, pero hay un detalle que lo humaniza aún más. Se conserva el contrato original que rubricó el 5 enero de 1940 y en él se especifica que no cobró ni un céntimo por ser entrenador del Real Murcia.


Autor: Juan Antonio Garre - @JAGarreHist
Fotografia: Pedro García - @GoldelMurcia

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